miércoles, 28 de enero de 2009

El salto a la universidad

Campusa UPV/EHU nº 60 marzo 2008

Estudiantes de primer curso describen sus impresiones al realizar los exámenes cuatrimestrales

La UPV/EHU cuenta, este curso académico, con más de 8.000 alumnos de nuevo ingreso en primer ciclo. El paso de los estudios medios a superiores constituye, además de una importante decisión, un salto cualitativo para los nuevos universitarios. Los primeros exámenes ya concluidos, algunos alumnos nos describen sus impresiones sobre la universidad.
La primera gran diferencia que los estudiantes perciben es el entorno: Gorka, alumno de la Facultad de Ciencia y Tecnología, encuentra que, tras su paso por el Instituto de Gernika, está en
la universidad “con gente diferente a la de tu pueblo o barrio y te tienes que amoldar”. Sonia, que estudia Gestión y Dirección de Empresas en el Campus de Gipuzkoa, nos dice que “nadie te dice lo que tienes que hacer. Tú tienes que ser responsable para saber lo que hay que estudiar”. En este sentido, Ana Fernández Arzak, psicóloga del Colegio Mayor Miguel de Unamuno coincide en señalar que “cuando se llega a la universidad, los cambios, las nuevas experiencias y las novedades son constantes”.
En período de exámenes es cuando el alumnado descubre las mayores difi cultades para ese gran salto: en la universidad no hay controles periódicos y la cantidad de materia aumenta considerablemente respecto a la etapa de estudios medios: Gorka encuentra que “tienes que preparar la materia de todo un cuatrimestre. Por si fuera poco, aquí no hay recuperaciones después de los exámenes, sino que tienes que esperar meses para poder intentar aprobar esa materia”. Oihana, que estudió Bachillerato en el I.E.S. de Lasarte-Usurbil, afi rma que “en el instituto están siempre encima de ti, los exámenes son continuos y no dejas todo para el fi nal”. Con ellos coinciden también Elke y Janire, alumnas de Traducción e Interpretación: “nos hemos pasado el último mes metidas en la biblioteca porque en casa no te concentras y hay mucho que estudiar”.
Cristina, también estudiante de Traducción, nos cuenta que el método de enseñanza es muy diferente respecto al del instituto en que cursó Bachillerato y que “llevar la materia al día es muy
difícil”. Respecto a esto, Ana Fernández afi rma que “la trayectoria de estudio, trabajo y disciplina adquirida en el bachiller es fundamental para superar o no con éxito los primeros exámenes.
La constancia y el trabajo son los mejores aliados en esta prueba de fondo”.
Otro de los obstáculos a superar en esta fase es el desconocimiento absoluto del grado de exigencia de la universidad”, continua la psicóloga. Ion cursó Formación Profesional pero, ante la imposibilidad de promocionarse en el mundo de la empresa por falta de formación universitaria, decidió comenzar estudios de Ciencias Empresariales. “Esto es muy difícil. Se nota muchísimo el salto de FP a la universidad”. Lo mismo afirma Cristina que, a pesar de haber obtenido una excelente califi cación en inglés, considera que “el nivel de idiomas es muy superior al del instituto”.
En cualquier caso, a pesar del cansancio y del relativo estrés, los alumnos que han compartido sus experiencias con nosotros se mostraban contentos con la decisión de ingresar en la universidad: “Pensaba que iba a ser una carrera más teórica, pero me está gustando porque veo mucha aplicación en la vida real”, nos decía Sonia. “Si tienes vocación para los idiomas, te gusta lo que haces y a pesar de las difi cultades estás motivada”, comentó Janire.
Ahora que ha comenzado el segundo cuatrimestre y con la experiencia de sus primeros exámenes, Janire, Ion, Sonia, Elke, Cristina, Oihana, Gorka y muchos otros estudiantes podrán aprovechar mejor los recursos que ofrece la universidad y disfrutar de esta experiencia única en la vida.

Los consejos de Ana Fernández Arzak

La psicóloga del Colegio Mayor Miguel de Unamuno aconseja, para obtener unos buenos resultados, observar ciertas técnicas de estudio, trabajar en condiciones ambientales idóneas, cuidar la alimentación, respetar las horas de sueño, distribuir y planifi car el tiempo, y dedicar un rato cada día a la relajación.
Durante las pruebas, sugiere leer con atención las preguntas del examen, distribuir el tiempo para las respuestas, empezar a responder por las preguntas que se dominan y siempre repasar el ejercicio. También subraya que, sea cual sea la calificación, es importante hablar con el profesor para conocer el porqué de la nota obtenida.

lunes, 19 de enero de 2009

Las campañas no llegan a los jóvenes

En El País del País Vasco de 22 de junio de 2008, aparece un artículo de June Fernández con declaraciones de varios sociólogos en el que parece quedar demostrado que las campañas de sensibilización no llegan a los jóvenes. Se hace hincapié en la información, la educación o la sensibilización, pero esos objetivos no disminuyen las conductas de riesgo de los jóvenes porque las campañas no llegan a ellos.

Las campañas no llegan a los jóvenes

- El fracaso de la prevención en los adolescentes - La generación más formada mantiene conductas de riesgo y actitudes intolerantes - Los mensajes institucionales chocan con los prejuicios y los hábitos arraigados

JUNE FERNÁNDEZ - El País - País Vasco - Bilbao - 22/06/2008

La actual generación es la más informada de la historia. Los medios de comunicación e Internet, así como la mayor oferta de talleres de educación sexual o vial, entre otros, bombardean a diario a los jóvenes con mensajes de prevención y sensibilización. Sin embargo, los diversos estudios revelan que esa información no se traduce en un descenso de las conductas de riesgo y de las actitudes intolerantes.
La actual generación es la más informada de la historia. Los medios de comunicación e Internet, así como la mayor oferta de talleres de educación sexual o vial, entre otros, bombardean a diario a los jóvenes con mensajes de prevención y sensibilización. Sin embargo, los diversos estudios revelan que esa información no se traduce en un descenso de las conductas de riesgo y de las actitudes intolerantes.
Los jóvenes echan en falta campañas que lleguen a su entorno más inmediato y que les impacten para convencerles del peligro real de sus hábitos. Los expertos y los organismo sociales critican la brecha existente entre los mensajes políticamente correctos y los comportamientos que los adolescentes se encuentran en la vida real como modelo. Medidas coercitivas como la ordenanza aprobada recientemente por el Ayuntamiento de Barakaldo contra el botellón plasman el fracaso de las acciones de sensibilización.
El abuso de drogas y alcohol es uno de los aspectos que más alarma a la ciudadanía, bombardeada por imágenes de macro-botellones o noticias sobre nuevas drogas de diseño. Pese a conocer los efectos de cada sustancia, uno de cada cuatro jóvenes abusa del alcohol y consume cannabis. El sociólogo Imanol Zubero lo explica señalando a una sociedad que "mitifica el riesgo y lo convierte en objeto de consumo". "Hemos pasado de la cultura de la libreta de ahorros a la de la tarjeta de crédito. Al consumir, nadie hace el cálculo entre lo que gana en el presente y lo que pierde en el futuro. Los jóvenes experimentan hasta que se queman, pero las consecuencias sólo llegan a largo plazo", sostiene. El Gobierno se ha convertido en "un gran moralizante", añade. "Pero recibimos estímulos contradictorios, como la idea de que quien no arriesga no gana".
Los jóvenes ya no se queman respecto al sida. La cronificación de la enfermedad gracias a los tratamientos antirretrovirales ha desencadenado un relajo en el uso de anticonceptivos, señala el director del Plan Vasco contra el Sida, Daniel Zulaika. "Los adolescentes no conocieron la época negra, y la muerte es el principal motor de cambio", apunta. A esa causa añade que hoy se valora más la iniciación en el sexo. La consecuencia ha sido un rebrote de enfermedades venéreas como la sífilis y la gorronea. "Se da la paradoja de que la generación más informada lleva mayores comportamientos de riesgo", concluye.
Esa tendencia está estrechamente ligada a otro dato alarmante: el incremento sostenido de adolescentes que abortan. Izaskun Moyua, directora de Emakunde, lo relaciona con la prevalencia de relaciones desiguales entre mujeres y hombres que reproducen los adolescentes. "Tenemos que preguntarnos cómo negocian sus relaciones y adecuar las campañas a la situación. Sigue habiendo quien impone y quien asume, y las chicas no están tomando en libertad decisiones como las relacionadas con los anticonceptivos. Si no se tiene en cuenta, las campañas no tendrán efecto", sentencia.
Estudios recientes revelan que un alto número de jóvenes cree que ser ama de casa es la opción más deseable para una mujer. Un tercio de las denuncias por violencia machista las interponen menores de 30 años. Ritxar Bacete, experto en masculinidad e igualdad, cree que las actitudes machistas son la suma de tres factores: "A los chicos se les ha educado en el sí a todo y no se les ha preparado para la frustración. Si sumas las desigualdades sociales de género y el uso de la violencia por parte de los hombres para resolver conflictos, es una bomba". Además, señala la "doble moral" entre discurso social y las prácticas de los padres. "¿Conocemos alguna familia igualitaria?", se pregunta. Los datos lo confirman: en casi la mitad de los hogares con adolescentes, todo o casi todo el peso del trabajo doméstico recae sobre las mujeres.
Se espera de los jóvenes que sean progresistas y ellos mismos se definen mayoritariamente de izquierdas, pero los estudios sobre actitudes rebelan que la homofobia y la xenofobia siguen muy arraigados entre ellos. Esas actitudes explican un alto porcentaje de casos de acoso escolar, como recuerdan tanto la asociación de gays y lesbianas EHGAM como la oficina del Gobierno, Berdindu. "Maricón sigue siendo el insulto más empleado en los institutos", recuerda su director, Víctor Santamaría.
SOS Racismo-Bizkaia ha atendido este curso cinco quejas de comportamientos racistas por parte de los adolescentes en los institutos. Kepa Otero, miembro de su Comisión Pedagógica, lo atribuye a la necesidad en la etapa adolescente de "reafirmarse como grupo". "Se identifican las características propias como negación a la de otros grupos, lo que les hace permeables al racismo y la xenofobia", señala. Pero, además, considera clave el aumento de manifestaciones xenófobas en la sociedad: "Los y las adolescentes son un reflejo de ese magma social". En la misma línea, Zubero pide a las instituciones "coherencia", "porque entre dos mensajes contradictorios, prevalece el más arraigado en la sociedad, que es siempre el más tradicional".

Los datos de las conductas de riesgo

- Alcohol y drogas: El 27,7% de los jóvenes de entre 15 y 34 consume alcohol con exceso. El 25,9% consume cannabis y un 11,6% ha tomado alguna otra droga ilegal distinta en el último año. Los tres datos se duplican en los jóvenes que practican habitualmente el botellón, que representan el 20% del total del colectivo.
- Tráfico: La cifra de jóvenes entre 14 y 24 años muertos o heridos graves en accidentes de tráfico en Euskadi baja cada año. En el 2000 murieron 41 y 267 resultaron heridos graves, frente a los 10 y 90 respectivamente en 2007. Sin embargo, el 39,1% de los jóvenes reconoce haber viajado alguna vez con un conductor que había bebido.
- Sexo seguro: Los casos de sífilis se han multiplicado por 16 en Euskadi en los últimos cinco años. Los abortos voluntarios en menores de 19 años sube desde 1994 (134 frente a los 248 en 2005)
- Violencia machista: El 42% de las denuncias por malos tratos y el 74,6% por agresión sexual en Euskadi corresponden a mujeres menores de 32 años.
- Homofobia: Se estima que el 73% de los adolescentes homosexuales y transexuales vascos han sido insultados por su orientación sexual y el 32% físicamente agredidos.
- Racismo: Entre 2000 y 2004 se multiplicó el porcentaje de jóvenes que consideran que en Euskadi hay demasiados inmigrantes.

lunes, 12 de enero de 2009

Cómo los jóvenes eligen sus estudios

En El País de los Negocios del 7 de diciembre de 2008, aparecen unos textos, firmados por Borja Vilaseca, que explican cómo los jóvenes eligen sus estudios universitarios. Esta elección es esencial para la vida adulta y profesional de los jóvenes, con ella van a convivir y, si eligen con acierto, toda su vida profesional la podrán dedicar a lo que les gusta, a lo que es su vocación.

En busca de uno mismo

Cada vez más jóvenes eligen sus estudios siguiendo los dictados de su pasión. El reto consiste en descubrir sus talentos y escoger una profesión donde puedan expresarlos
BORJA VILASECA - EL PAÍS NEGOCIOS - 07-12-2008

Las leyes del juego de la vida están regidas por el actual sistema de mercado, donde la necesidad de ganar dinero obliga a los seres humanos a levantarse cada lunes por la mañana para ir a trabajar. Y no sólo eso. Para garantizar y preservar el buen funcionamiento de este sistema, las últimas generaciones han sido condicionadas desde la infancia para convertirse en miembros productivos para la sociedad.
Frente a este contexto socio-económico y dado que la actividad laboral ocupa más de un tercio de la existencia, elegir conscientemente una formación (tanto universitaria como profesional) se ha convertido en una decisión muy importante en la vida de cualquier persona. Así, entre los 14 y los 15 años se debe escoger entre seguir estudiando bachillerato para poder acceder a la universidad u optar directamente por cursar algún módulo de formación profesional (FP).
Poco después, sobre los 18 años, quienes hayan seguido estudiando bachillerato tendrán que tomar otra seria decisión: elegir a qué carrera universitaria destinarán los próximos cuatro o cinco años, de manera que sobre los 23 años puedan entrar en el mercado laboral con garantías de encontrar un primer empleo digno y con futuro.
"Lo paradójico de todo este proceso es que dichas decisiones deben tomarse irremediablemente durante un periodo más asociado a la confusión y la inmadurez que a la claridad y la responsabilidad", afirma Rocío Argudo, directora de Unitour, la Feria de Universidades que organiza por toda España la firma Círculo de Formación, especializada en estudios de posgrado.
Llegados a este punto, ¿qué es lo que realmente motiva a un joven a decantarse por un camino de formación u otro? En líneas generales, existen tres factores clave: "La cantidad y calidad de salidas profesionales asociadas con dichos estudios; el dinero que puede llegar a cobrarse; y la vocación, es decir, que la elección depende, sobre todo, de una necesidad interna de hacer algo que gusta, apasiona y llena al alumno, dejando en un segundo lugar las dos opciones anteriores", explica Argudo.
Según los datos de Unitour recogidos entre noviembre de 2007 y febrero de 2008, cada vez más jóvenes eligen sus estudios siguiendo los dictados de su pasión. Así, el 44% de los 17.000 estudiantes de bachillerato encuestados iba a escoger su carrera universitaria en función de lo que realmente le gustaba. Eso sí, Argudo matiza que, de éstos, "menos de la mitad se mostró totalmente convencido de que estaría dispuesto a cualquier cosa por dedicarse a lo que decía que quería hacer". Por otro lado, el 28% iba a decidirlo basándose en las salidas profesionales, y el 11%, en la cantidad de dinero que podría llegar a cobrar. El 17% restante seguía anclado en la duda y simplemente no tenía ni idea de qué quería hacer con su vida, según la feria Unitour.
En este sentido, los jóvenes han de tener muy claro que se trata de una decisión suya y de nadie más. "Para que puedan seguir su camino deberán enfrentarse al condicionamiento sociocultural imperante, que les dice qué tienen que ser, hacer y poseer para lograr el éxito y el bienestar", señala la coach Herminia Gomà, directora del máster en Coaching y Liderazgo Personal de la Universidad de Barcelona.
Esta experta apunta que con el fin de poder estudiar y trabajar en algo que les divierta y se les dé muy bien, "los jóvenes también tendrán que cuestionar la profunda influencia de sus padres, que de forma inconsciente suelen proyectar su sistema de creencias, incluyendo sus miedos, frustraciones y deseos personales", añade. "Así es como terminan por sepultar toda posibilidad de que sus hijos sigan su propio destino personal y profesional".
Si bien el papel de los padres es crucial, no debe ser condicionante sino orientador e inspirador. Gomà propone que éstos reflexionen acerca de qué es más importante para ellos: "¿La seguridad y estabilidad que acompañan a algunos estudios y a sus correspondientes empleos, o el entusiasmo y la felicidad que afloran en sus hijos al desempeñar una función que les permite desarrollar y expresar sus talentos innatos?".
El objetivo es que los jóvenes puedan formarse para optar a puestos de trabajo que se ajusten a sus inquietudes, expectativas, valores y habilidades. Más que nada porque "sin estos alicientes el trabajo termina por convertirse en una rutina mecánica, gris y sin sentido, que poco a poco merma la actitud proactiva de cualquier persona, independientemente de su grado de preparación académica".
En cambio, "si sigue los dictados de su voz o intuición internas, seguramente pueda terminar formando parte de un proyecto más humano, auténtico y con sentido", subraya Gomà. De ahí que "quien se mueve en función de su vocación -más allá de concebir su trabajo como una carrera profesional que a su vez permite pagar el alquiler- suele tener muchas más opciones de que su felicidad sea sostenible". Sobre esta base de "equilibrio y alegría internos es mucho más fácil que se multipliquen sus posibilidades de ser excelente en lo que hace y, en consecuencia, de lograr el éxito más allá del éxito", concluye Gomà.
Dado que entran otras variables en esta ecuación, "para no caer en agobios, angustias y conflictos innecesarios es importante que tanto los jóvenes como sus padres tengan en cuenta que este camino se ha de vivir de forma abierta y muy flexible, pues aunque estudien una cosa tal vez terminen dedicándose a otra", afirma Lorenzo di Pietro, director de Capital Humano de Barcelona Activa, la agencia de desarrollo local del Ayuntamiento de Barcelona. "Para no concebir los errores o los cambios como fracasos, este camino ha de vivirse siempre como un proceso de aprendizaje".
Desde 2003, Barcelona Activa cuenta con Porta 22, una iniciativa pionera en España, encaminada a orientar profesionalmente a jóvenes y adultos de forma totalmente gratuita. "Nuestro esfuerzo radica en fomentar un cambio de paradigma en la relación que tienen las personas con el mercado laboral", reconoce Di Pietro. "En la nueva economía, basada en la sociedad del conocimiento, la oferta es el valor añadido que ofrece la persona y no al revés". Y concluye: "No esperes que el mercado te dé lo que buscas; ofrécele lo que has encontrado dentro de ti".
Uno de los 350.000 ciudadanos asesorados por Porta 22 es Joan Guardia, de 24 años, y actual mecánico de aviones de Iberia, donde trabaja de 21.30 a 5.30 por un salario neto de 1.750 euros al mes. Guardia reconoce que a los 19 años "no tenía claro qué hacer" con su vida profesional. La orientación proporcionada por Porta 22 le sirvió para "espabilarse y reflexionar".
Tras realizar varias pruebas y test, así como algún que otro curso de autoconocimiento, finalmente reconectó con un hobby de cuando era pequeño: los aviones. "Siempre se me había dado muy bien todo lo relacionado con la tecnología y la mecánica", explica Guardia. "Cuando supe de la existencia de este trabajo se me encendió una lucecita". Y concluye: "Estoy disfrutando muchísimo haciendo lo que hago porque siento que puedo aportar algo de mí que contribuya a mejorar la vida de los demás".

Nunca es tarde para reinventarse

No existen trabajos ni profesiones para toda la vida. En general, "las personas cambian, crecen y evolucionan, con lo que deben concebir su vida profesional como un proceso dinámico", afirma el coach literario, Sergio Bulat, autor de El arte de inventarse profesiones. Destacar en un mundo laboral en crisis (Empresa Activa).
El quid de la cuestión es que descubrir la vocación no es un hallazgo fácil, pues consiste en responder a la pregunta "¿para qué sirvo?" Por eso "muchos aguantan día tras día y año tras año en una misma empresa, realizando una misma función que no les gusta, que les dificulta expresar quienes son y que les impide llevar una vida sana, feliz y equilibrada".
Eso sí, "la propia inercia termina por esclavizar a los profesionales más resignados y conformistas a una profesión de por vida, una decisión inconsciente que suele ser también la causa de gran parte del malestar y de los conflictos que padecen", apunta Bulat.
Sin embargo, más allá de caer en el victimismo, este experto anima a los adultos a que conciban este proceso de la misma manera que lo intentan hacer los más jóvenes: "Como una oportunidad de aprendizaje para superar miedos e inseguridades y poder así descubrir quienes son y qué es realmente lo que pueden aportar a la sociedad".
En base a esta premisa, "la ilusión, el entusiasmo y el compromiso son indicadores de que la persona se ha alineado con el puesto de trabajo que le corresponde", sostiene Bulat. Y concluye: "Estudiar un máster está cada vez más al alcance de cualquiera y suele abrir nuevas puertas y oportunidades".

Encuentra tu propio camino

Todo tiene marcha atrás. Atrévete a elegir unos estudios que te gusten e interesen de verdad. No pasa nada si luego te das cuenta de que no es exactamente lo que querías. De todo se aprende. Con el tiempo las cosas se ven más claras.
Piensa en positivo. No limites tus opciones al escoger una profesión. Juega y sueña con lo que te gustaría hacer en la vida, por mucho que se salga de las preferencias convencionales. Si haces lo que te gusta, trabajar te resultará mucho más fácil y tendrás más opciones de triunfar.
Adopta la filosofía del esfuerzo. Eres corresponsable y cocreador de tu destino, que se forja con las decisiones y la actitud que tomas frente a lo que te va sucediendo a lo largo de la vida. Responsabilízate de tu proceso de formación.
Conócete a ti mismo. Indaga y reflexiona acerca de quién eres, descubriendo tus puntos fuertes, habilidades y, en definitiva, tu potencial como ser humano.
Estilo de vida. Pregúntate acerca de cómo quieres vivir: si prefieres trabajar para una empresa o ser autónomo (free-lance), si prefieres trabajar en la ciudad o en el campo, si prefieres un determinado tipo de horario u otro...
Aprende todo lo que puedas. Más allá de los estudios académicos, y en la medida de tus posibilidades, intenta vivir experiencias diferentes y enriquecedoras, ya sea leyendo, trabajando en proyectos sociales o viajando en busca de aventura. Lo que eres termina por influir en lo que haces.
Infórmate hablando con profesionales. Ponte en contacto con alguien que se dedique a la profesión que te gustaría desempeñar. Pregúntale todo lo que te gustaría saber y confirma que se trata del trabajo con el que soñabas.
Es tu elección, no la de los demás. Dado que se trata de tu propia vida y que el trabajo suele ocupar más de un tercio del tiempo diario, asegúrate de que eres tú quien toma la decisión final de estudiar lo que realmente quieres y no lo que te ha sido impuesto. Cuestiona tu condicionamiento.
La función de los másteres. Ten en cuenta que, una vez concluyas tus estudios o lleves varios años trabajando, tienes la opción de cursar un máster especializado en una rama más concreta del ámbito al que te dedicas profesionalmente para profundizar en la materia y dar un salto laboral.
Dale sentido a lo que haces. Para no ser víctima de la vida gris que suele acompañar a muchos puestos de trabajo, sé consciente de la importancia de cultivar una actitud proactiva, tratando de darle un sentido más trascendente a tu función profesional. Intenta que tu función sirva a los demás.
*Fuente: ideas aportadas por expertosmen orientación profesional de Porta 22, iniciativa de Barcelona Activa.

miércoles, 7 de enero de 2009

La educación como problema

Un nuevo artículo en El País de Adela Cortina sobre la educación; como siempre, esta autora plantea cuestiones interesantes para comprender el proceso educativo en los jóvenes universitarios de hoy.


La educación como problema

Adela Cortina El País 28 mayo 2008

El problema número uno de cualquier país es la educación. Y en España el asunto anda revuelto desde instancias diversas que afectan a todos los niveles educativos, incluida la Universidad. Es tiempo de pensar la educación y hacerlo a fondo.
La Ley Orgánica de Educación en España deja la puerta abierta para que las comunidades autónomas recorten horas de materias como la Filosofía, apertura que aprovechan algunas comunidades como Valencia para reducir su horario; el proceso de convergencia universitaria de Bolonia va a traer a Europa una Universidad adocenada, en la que la calidad acaba midiéndose por la cantidad.
El número de alumnos se ha convertido en decisivo para determinar la calidad de una materia o un postgrado, y no hay lugar para la especialización. Una cosa es saber mucho de poco, saber cada vez más de menos y acabar sabiéndolo todo de nada; otra cosa muy distinta, saber sólo generalidades, porque eso, dicen, es lo que prepara para adaptarse a cualquier necesidad del mercado.
Éste es el mensaje de Bolonia, asumido con fervor por ?retrógradas? y ?progres?. Después nos quejaremos del neoliberalismo salvaje.
Los nuevos aires insisten en preparar a los alumnos para desarrollar competencias tanto en los estudios técnicos como en las ciencias y las humanidades. El viejo debate sobre si educar consiste en formar o en informar ha pasado de moda, porque ya sabe cualquier maestro o profesor que lo suyo es preparar chicos y chicas competentes. ¿Competentes, para qué? Para desempeñar ocupaciones asignadas por el mercado laboral, claro está.
Por eso, si hay que diseñar un plan de estudios de cualquier nivel educativo o un postgrado, el apartado más largo y complicado no será el que se refiere a los contenidos de las materias, sino el que se relaciona con las "competencias". ¿Para qué ha de ser competente el egresado?
Competencia es un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes necesarios para desempeñar una ocupación y producir un resultado definido. Consulté a un compañero de Pedagogía y, con una buena dosis de ironía, me puso un ejemplo: alguien es competente para hacer una cama cuando sabe lo que es un somier, un colchón, lo que son las sábanas, se da cuenta de cómo es mejor colocarlas y además le parece algo suficientemente importante como para intentar dejarlas bien, sin arrugas y sin que el embozo quede desigual.Preparar gentes para que ocupen puestos de trabajo parece urgente.
Sin embargo, sigue pendiente aquella pregunta de Ortega sobre si la preocupación por lo urgente no nos está haciendo perder la pasión por lo importante. Si en la escuela se tiene que enseñar a hacer tareas como manejar el ordenador o conocer las señales de tráfico, o si hay que incluir en el currículum materias de Humanidades, que preparan para tener sentido de la historia, dominio de la lengua, capacidad de criticar, reflexionar y argumentar. Que no son competencias para desempeñar una ocupación, sino capacidades del carácter para dirigir la propia vida. Nada más y nada menos.
Por otra parte, se insiste en que el conjunto de la educación se dirige a formar buenos ciudadanos, y eso no es ninguna ocupación, sino una dimensión de la persona, aquella que le permite conducirse con justicia en una comunidad. No tanto vivir en tranquilidad, que puede ser la de las trancas, los cementerios o la de los amordazados, sino convivir desde la justicia como valor irrenunciable. Y para eso hace falta aprender a enfrentar la vida común desde el conocimiento de la historia compartida, la degustación de la lengua, el ejercicio de la crítica, la reflexión, el arte de apropiarse de sí mismo para llevar adelante la vida, la capacidad de apreciar los mejores valores. Cosas que no pertenecen al dominio de las competencias, sino a la formación del carácter.
No es una buena noticia entonces que se quiera reducir la Filosofía en el Bachillerato, ni lo es que se pretenda eludir la ética cívica o esa Educación para la Ciudadanía que debería ayudar a educar en la justicia, no sólo a memorizar listas de derechos, constituciones y estatutos de autonomía, que son por definición variables, sino a protagonizar con otros la vida común.
Por fas o por nefas, acabamos limitando la escuela y la Universidad a preparar presuntamente para lo urgente, no para lo importante, para desempeñar tareas y no para asumir con agallas la vida personal y compartida.
Adela Cortina. Catedrática de Ética y filosofía política de la Universidad de Valencia